Al ritmo de Klee

Paul Klee (1879-1940) fue un pintor relacionado con el existencialismo. Para él, forma, color y ritmo eran el sustrato del arte. Nada de lo que pinta Klee es casualidad. Sus representaciones, a veces rozando lo infantil e ingenuo, no dejan nada al azar. Se trata de composiciones perfectamente estudiadas y analizadas. Fue en la Bauhaus, en la década de los años veinte, donde Klee comenzó a investigar sobre la construcción geométrica a base de elementos muy simples. Así, se puede comprobar cómo en la obra de Klee predominan constantemente las formas lineales y circulares para construir composiciones sencillas y semiabstractas. A esto hay que sumarle una admiración por el mundo del color, que descubrió en un viaje a Túnez en el año 1914. Llegará a expresar ese poder en frases como ésta: “El color me posee, no tengo necesidad de perseguirlo, sé que me posee para siempre… el color y yo somos una sola cosa. Yo soy pintor.”

el globo rojo

En este post hemos querido sumergirnos en el ritmo de Klee y analizar cómo perciben una de sus obras, llamada El globo rojo, una persona neurotípica, con educación artística y una persona sinestésica. Nuestro grupo de contraste lo han formado personas neurotípicas profanas en la interpretación de la obra pictórica. Y estos son los resultados:

Sujeto 1: sinestésico

Cuando contemplo este cuadro siento calor, bochorno;  como en esas tardes de verano, que después de un día de cuarenta grados, el calor se tarda en marchar y estamos sudorosos y cansados. Es un cuadro silencioso y pesado. Difícil respirar dentro de él. Y melancólico, para mí ese globo en el final de una calle simboliza la soledad, el desencanto de lo inevitable. Estar dentro de este cuadro es como asumir que eres impotente y que el destino te ha superado. Incuso el cuadrado marrón del final, semejante a una puerta, a un horizonte al que dirigirte te dice: “no te molestes, no hay salida”.

Sujeto 2: neurotípico

Este globo materializa un mundo de ilusiones y nuevas esperanzas que están por llegar, una nueva vida que se emprende… ¡Vuela, vuela! Deja atrás todo lo anterior y empieza, ahora sí, a vivir. Un día fue un sueño, pero hoy se ha hecho realidad, hoy es posible. Todos miran con envidia la valentía, mientras ellos, cobardes, permanecen en su mundo de bruma y oscuridad. Ellos ven la vida en blanco y negro, tú, en color.   

Nuestro grupo de contraste ha hablado de una calle con casas, por la tarde, en el número mayor de sujetos; aunque ha habido más de uno que simplemente ha sentenciado: es una raqueta de ping pong.

En realidad, todos han hecho lo mismo, volcar en el cuadro sus experiencias y buscar en el abstracto la posible asociación con algo conocido a lo que asirse en su interpretación. Esto es normal. Seguramente, por la educación artística recibida desde pequeños, lo primero en lo que se fija la mirada al observar esta obra es en los elementos figurativos que permiten asociar representaciones a elementos reales de la naturaleza. En este caso, se trata de un globo, un círculo rojo. Damos por hecho que se trata de este objeto porque así reza el título.  Posiblemente tratemos de vincular el resto de elementos geométricos con edificios y el fondo con el cielo. Reiterando lo expuesto, hemos sido educados en una cultura artística en la que tratamos de relacionar aquellos elementos que nos son conocidos, prescindiendo de formas o elementos desconocidos o abstractos. Sin embargo, arte también hay que sentirlo con el corazón y con los sentidos, dejarse llevar.

De estos comentarios deducimos que nuestra diferencia no es tanta. Los neurotípicos han buscado, bien la realidad conocida, bien el reflejo de su estado emocional. En el caso de nuestro sujeto sinestésico, hizo esto mismo: vio una calle y además, reflejó en el cuadro su estado emocional. Sin embargo a este sujeto el cuadro le produce calor, le agobia, le corta la respiración, le retumba su silencio en los oídos. Ante una contemplación visual se le desencadenan sensaciones en otros sentidos, como el tacto o el oído, incluso una vivencia real: falta de oxígeno.

Y si cerráramos los ojos y nos dejáramos llevar por la interpretación de nuestra persona sinestésica, tal vez enriqueceríamos nuestra percepción de la obra pictórica, ¿verdad? Si nos liberamos de los aprendizajes, todos somos sinestésicos.

¿Quieren una sorpresa final? Les daremos dos. 1. Paul Klee, que pintó El globo rojo en 1922, en esta obra no busca más que reflejar una pieza musical armónica, llena de color, movimiento y ritmo. Klee desea que las formas geométricas se muevan como notas musicales, a un ritmo equilibrado de luz y color. 2. Se dice que Paul Klee era sinestésico, una gran parte de sus obras buscan reflejar la música, que incluso practicaba como intérprete, con la expresión plástica de la pintura. Volvamos a la imagen. ¿La contemplamos ahora al ritmo de Klee?

Carmen Molina Villalba (Gestora Cultural, Presidenta de la Asociación Sinteno, persona con Síndrome de Asperger)

 

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