De buen rollito

buen rollito

Insultar y atacar a la persona no se hace inocentemente

 

Hace unos meses desde Sinteno tuvimos el honor de abordar en nuestra Jornadas Anuales una temática siempre candente: el problema del acoso y hostigamiento a personas con trastorno del espectro autista.

Alguien traerá a su cabeza una frase hecha que planteamos el otro día en nuestro grupo asperger: ¡¡¡Y dale molino!!!! (Esta expresión quiere decir que estás una vez y otra con el mismo tema). Y, desde luego, es que hay que darle al molino para que muela. Eso está claro. Y aquí seguimos, como corresponde, dándole al molino.

En aquella Jornada, hablaron otros. Hoy hablo yo. Los seguidores de este blog ya sabrán que soy una persona que nací con el llamado Síndrome de Asperger; un toque que me diferencia de la mayoría, que me hace traer conmigo, como los coches, valores de serie (frase acuñada por mi muy querida amiga Mª Xosé Porteiro, cuando habla de los aspies): valores de honestidad, sinceridad, y respeto a las normas, muy por encima de la media. Valores de justicia y transparencia, de inocencia e ingenuidad. Y como todo en esta vida cuando se tiene un plus, se paga por ello. Las personas TEA pagamos, y muy caro, ser diferentes.

Mi vida cambió un 3 de febrero de 2010, cuando tres personas de mi entorno laboral decidieron denunciarme por mobbing. Una conducta vergonzosa, que yo detesto especialmente por lo que de desprecio al ser humano y su valor inalienable tiene; una conducta propia de psicópatas y malas personas; una conducta, imposible de llevar a cabo por una persona asperger. La alta consideración del valor de la Justicia, del seguimiento de las normas, del respeto a los roles laborales, unido al hecho indiscutible de una falta de implicación emocional en el sentido normalizado de la palabra hace que en nuestro entorno laboral nos ajustemos a desempeñar nuestro papel y respetar escrupulosamente el papel de los demás; a seguir las normas y cuando somos responsables de equipos, a hacer que se sigan, y todo ello sin filias ni fobias. Un asperger no persigue, no es capaz de mantener el grado de atención suficiente que requiere la desvergüenza de lo llamado acoso laboral, no puede odiar con la intensidad necesaria que exige la tarea vigilar permanentemente a un ser humano para buscar su mayor daño y dolor (desgraciadamente, tampoco podría si buscara su máximo disfrute). Un asperger nunca podrá ser un psicópata, nunca considerará a un ser humano como un objeto, ni disfrutará con el juego del daño ajeno.

Esto mis denunciantes no lo sabían. Tampoco importaba. Disfrazar la realidad, adecuar el escenario, manipular con llantos y lamentos, con indignaciones y desplantes, buscando fines personalistas es fácil para quienes creen manejar la escena y tienden a pensar que los demás no se dan cuenta de nada. Hecha la investigación interna, mi empresa dictaminó que no se había producido situación alguna de acoso por mi parte. Se produjo una inspección laboral, subsiguiente, que tampoco encontró rastros de conductas relacionadas con el acoso imputable a mi persona. Se interpuso una tercera denuncia ante el Juzgado de lo Social, con posterior retracto de las denunciantes, que eso sí, pactaron un acomodo laboral que favorecía sus intereses personales. Pasó más de un año y mi daño moral fue tan intenso que debí ser tratada psicológicamente. Fui tan imbécil que intenté más de una y más de dos veces buscar mediadores que nos llevaran a sentarnos en una mesa, con la ingenuidad de que un diálogo sincero nos permitiría acercar posturas. No fue así y el tiempo pasó de largo.

Una vez más mi condición natural me llevó a creer que la Justicia (esa con mayúsculas) era algo humanizado. No lo es. Y a día de hoy no sé si sería bueno que lo fuera habida cuenta de la capacidad para la hipocresía, la mentira y la maldad que va unida a los seres llamados humanos. El hecho es que si todo lo que habían alegado en mi contra fue reconocido como no constitutivo de delito alguno por diferentes instancias institucionales, si a pesar de ello estas personas habían repetido de forma pública y privada, en entornos personales y laborales sus acusaciones basadas en nada, y me dije: alguien tiene que decir que todo esto es mentira.

Y abrí una denuncia por la vía penal. Me equivoqué. Sí, debo y quiero reconocerlo. Me equivoqué porque pensé que un juez tendría cercanía suficiente como para entender que las cosas una vez se pueden hacen de forma inconsciente; pero hasta tres veces seguidas, ya no. Me equivoqué porque pensé que un juez se tomaría el tiempo suficiente para escuchar a las personas. Me equivoqué aún más porque creí que un tribunal era un sitio donde no se podía preguntar a una persona si era una enferma mental, y dejar el tema en el aire como quien habla del pelo rubio.

Mal, mal por mi parte seguir confiando, seguir pidiendo que simplemente se me diera la palabra a mí, a los expertos en asperger, a mis compañeros y subordinados. (No olvidemos que la obstinación es una de las características de las personas TEA, y la falta de cálculo en todo aquello en lo que medien relaciones entre humanos)

Ayer recibí la respuesta a mi recurso de apelación  ante la Audiencia Provincial, por el cual se desestima definitivamente mi denuncia ya que se considera que en mis persistentes denunciantes, y a tenor de las pruebas presentadas, no hubo intención de perjudicar mi imagen personal o social. Desde luego respeto la consideración de la Audiencia; sin embargo mantengo que si se hubieran practicado mejores pruebas, si se hubiera analizado a las personas, si se hubiera querido buscar lo que no se quiso, tal vez, y sólo tal vez, la resultante hubiera sido otra.

Lo que viene a decir es que me denunciaron, pero de buen rollito. Que insistieron una y otra vez en falsedades acreditables como tal por cualquiera que me conozca y conviviera conmigo en aquel período laboral, pero sin querer hacer daño. Entre colegas, ya se sabe. Hoy te denuncio pero mañana te invito a café.

Me explota mi cerebro asperger. No sé cómo se puede mentir de buen rollo, cómo inventar exagerar, desprestigiar; cómo se puede estar dos años continuados hablando mal de una persona, sin querer dañarla. Será si así lo dicen.

Y de buen rollito les digo a aquellas mis compañeras y a quienes las acompañaron en ese periplo que les agradezco que hayan sacado lo mejor de mí. Que gracias a sus conductas en presunta defensa de sus presuntos derechos, yo estoy sentada hoy aquí frente a mi ordenador hablando de asperger, hablado de autismo y hablando de inclusión social y laboral. Que gracias a ellas comprendí que no todo el mundo trae valores de serie. Y gracias a ellas dedicaré todo el tiempo de que disponga en mi trayectoria vital a hablar de autismo, a hablar de asperger y a luchar para que en cualquier entorno, también en el laboral, se respete el valor de la diferencia, el valor de la honestidad y se proteja a aquellos que no perciben, que no percibimos, la hipocresía de quienes la ejercen como herramienta de comunicación permanente.

Gracias, queridas.

Hace unos meses desde Sinteno tuvimos el honor de abordar en nuestra Jornadas Anuales una temática siempre candente: el problema del acoso y hostigamiento a personas con trastorno del espectro autista.

Alguien traerá a su cabeza una frase hecha que planteamos el otro día en nuestro grupo asperger: ¡¡¡Y dale molino!!!! (Esta expresión quiere decir que estás una vez y otra con el mismo tema). Y, desde luego, es que hay que darle al molino para que muela. Eso está claro. Y aquí seguimos, como corresponde, dándole al molino.

En aquella Jornada, hablaron otros. Hoy hablo yo. Los seguidores de este blog ya sabrán que soy una persona que nací con el llamado Síndrome de Asperger; un toque que me diferencia de la mayoría, que me hace traer conmigo, como los coches, valores de serie (frase acuñada por mi muy querida amiga Mª Xosé Porteiro, cuando habla de los aspies): valores de honestidad, sinceridad, y respeto a las normas, muy por encima de la media. Valores de justicia y transparencia, de inocencia e ingenuidad. Y como todo en esta vida cuando se tiene un plus, se paga por ello. Las personas TEA pagamos, y muy caro, ser diferentes.

Mi vida cambió un 3 de febrero de 2010, cuando tres personas de mi entorno laboral decidieron denunciarme por mobbing. Una conducta vergonzosa, que yo detesto especialmente por lo que de desprecio al ser humano y su valor inalienable tiene; una conducta propia de psicópatas y malas personas; una conducta, imposible de llevar a cabo por una persona asperger. La alta consideración del valor de la Justicia, del seguimiento de las normas, del respeto a los roles laborales, unido al hecho indiscutible de una falta de implicación emocional en el sentido normalizado de la palabra hace que en nuestro entorno laboral nos ajustemos a desempeñar nuestro papel y respetar escrupulosamente el papel de los demás; a seguir las normas y cuando somos responsables de equipos, a hacer que se sigan, y todo ello sin filias ni fobias. Un asperger no persigue, no es capaz de mantener el grado de atención suficiente que requiere la desvergüenza de lo llamado acoso laboral, no puede odiar con la intensidad necesaria que exige la tarea vigilar permanentemente a un ser humano para buscar su mayor daño y dolor (desgraciadamente, tampoco podría si buscara su máximo disfrute). Un asperger nunca podrá ser un psicópata, nunca considerará a un ser humano como un objeto, ni disfrutará con el juego del daño ajeno.

Esto mis denunciantes no lo sabían. Tampoco importaba. Disfrazar la realidad, adecuar el escenario, manipular con llantos y lamentos, con indignaciones y desplantes, buscando fines personalistas es fácil para quienes creen manejar la escena y tienden a pensar que los demás no se dan cuenta de nada. Hecha la investigación interna, mi empresa dictaminó que no se había producido situación alguna de acoso por mi parte. Se produjo una inspección laboral, subsiguiente, que tampoco encontró rastros de conductas relacionadas con el acoso imputable a mi persona. Se interpuso una tercera denuncia ante el Juzgado de lo Social, con posterior retracto de las denunciantes, que eso sí, pactaron un acomodo laboral que favorecía sus intereses personales. Pasó más de un año y mi daño moral fue tan intenso que debí ser tratada psicológicamente. Fui tan imbécil que intenté más de una y más de dos veces buscar mediadores que nos llevaran a sentarnos en una mesa, con la ingenuidad de que un diálogo sincero nos permitiría acercar posturas. No fue así y el tiempo pasó de largo.

Una vez más mi condición natural me llevó a creer que la Justicia (esa con mayúsculas) era algo humanizado. No lo es. Y a día de hoy no sé si sería bueno que lo fuera habida cuenta de la capacidad para la hipocresía, la mentira y la maldad que va unida a los seres llamados humanos. El hecho es que si todo lo que habían alegado en mi contra fue reconocido como no constitutivo de delito alguno por diferentes instancias institucionales, si a pesar de ello estas personas habían repetido de forma pública y privada, en entornos personales y laborales sus acusaciones basadas en nada, y me dije: alguien tiene que decir que todo esto es mentira.

Y abrí una denuncia por la vía penal. Me equivoqué. Sí, debo y quiero reconocerlo. Me equivoqué porque pensé que un juez tendría cercanía suficiente como para entender que las cosas una vez se pueden hacen de forma inconsciente; pero hasta tres veces seguidas, ya no. Me equivoqué porque pensé que un juez se tomaría el tiempo suficiente para escuchar a las personas. Me equivoqué aún más porque creí que un tribunal era un sitio donde no se podía preguntar a una persona si era una enferma mental, y dejar el tema en el aire como quien habla del pelo rubio.

Mal, mal por mi parte seguir confiando, seguir pidiendo que simplemente se me diera la palabra a mí, a los expertos en asperger, a mis compañeros y subordinados. (No olvidemos que la obstinación es una de las características de las personas TEA, y la falta de cálculo en todo aquello en lo que medien relaciones entre humanos)

Ayer recibí la respuesta a mi recurso de apelación  ante la Audiencia Provincial, por el cual se desestima definitivamente mi denuncia ya que se considera que en mis persistentes denunciantes, y a tenor de las pruebas presentadas, no hubo intención de perjudicar mi imagen personal o social. Desde luego respeto la consideración de la Audiencia; sin embargo mantengo que si se hubieran practicado mejores pruebas, si se hubiera analizado a las personas, si se hubiera querido buscar lo que no se quiso, tal vez, y sólo tal vez, la resultante hubiera sido otra.

Lo que viene a decir es que me denunciaron, pero de buen rollito. Que insistieron una y otra vez en falsedades acreditables como tal por cualquiera que me conozca y conviviera conmigo en aquel período laboral, pero sin querer hacer daño. Entre colegas, ya se sabe. Hoy te denuncio pero mañana te invito a café.

Me explota mi cerebro asperger. No sé cómo se puede mentir de buen rollo, cómo inventar exagerar, desprestigiar; cómo se puede estar dos años continuados hablando mal de una persona, sin querer dañarla. Será si así lo dicen.

Y de buen rollito les digo a aquellas mis compañeras y a quienes las acompañaron en ese periplo que les agradezco que hayan sacado lo mejor de mí. Que gracias a sus conductas en presunta defensa de sus presuntos derechos, yo estoy sentada hoy aquí frente a mi ordenador hablando de asperger, hablado de autismo y hablando de inclusión social y laboral. Que gracias a ellas comprendí que no todo el mundo trae valores de serie. Y gracias a ellas dedicaré todo el tiempo de que disponga en mi trayectoria vital a hablar de autismo, a hablar de asperger y a luchar para que en cualquier entorno, también en el laboral, se respete el valor de la diferencia, el valor de la honestidad y se proteja a aquellos que no perciben, que no percibimos, la hipocresía de quienes la ejercen como herramienta de comunicación permanente.

Gracias, queridas.

 

4 pensamientos en “De buen rollito

  1. Carmen creo que esta miy bien redactado y que tienes mucho mérito al hacerlo. Y además no necesito recordarte cin quien puedes contar. El resto es lo de siempre Dabos contra Goliat. Cuenta con tus amigos, siempre. Enviado de Sa ng Mobile

  2. Solo una cosa rápida:
    Yo creo en “la Justicia Universal” y en que “el Tiempo pone a cada uno en su sitio”…No sé cómo ni cuando pero ya verás como la vida te reintegra lo usurpado…por lo demás, estoy convencido de que también pondrá en su sitio a aquellos que le han robado a la Justicia y a la Verdad.

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