No le hables de empatía a quien no has mirado a los ojos

la pared de cristal

Nota de la autora: No está dedicado este post a quienes conocen, viven y trabajan a favor del autismo y en apoyo de la inclusión y el respeto a los derechos de las personas autistas. A ellos, abrazo virtualmente cada día. Dirijo mis palabras a los profesores que miran a otro lado y tachan de cosas de críos las burlas ante el niño que es diferentes, a los empleadores que se asustan cuando dices yo soy autista, y piensan que ya eres un ser menos valido, a los familiares que ante un niño, un adolescente o un adulto asperger o TEA se miran con consternación y piensan que no llegará a nada en la vida, también a las parejas de quienes siendo diferentes aman también, de forma diferente, a los jueces que nos consideran personas no creíbles cuando defendemos nuestros derechos, a los profesionales de la sanidad que se empeñan en que el nuestro es un problema de salud mental y nos neutralizan con medicamentos que destruyen nuestra alma y nuestro cuerpo. Dedico este post, en fin, a la sociedad en general. Por eso te pido que lo difundas tanto como puedas, porque queremos ser visibles y por tanto respetados y queridos.


Yo soy una persona asperger. Esto lo saben los lectores habituales de este blog. Lo que no sé si he comentado suficientemente es que, tal y como opina la doctora Temple Grandin, si me dijeran que mañana que podría dejar de ser asperger, me negaría a ello porque entonces dejaría de ser yo misma.

Debo tener bastante acusado el gen rebelde que configura nuestro cerebro asperger, o debo ser ya demasiado mayor como para haber comprendido que seas como seas, intentes aprender habilidades sociales o no, enmascares más o menos tu condición neurológica, al final siempre serás diferente. Simplemente porque lo eres.

Ser diferente no debería ser problema porque es algo natural, la base de la evolución de todos los seres está basada en la diferencia, en las mutaciones adaptativas. Sin embargo sí lo es cuando se trata de  los seres humanos. El llamado rey de la creación, no solo está acabando con todo lo que le rodea sino que, en contra de lo que cabría esperar de su mayor capacidad intelectual, tiende a eliminar a los de su especie cuando descuadran sus patrones generales. Busca encapsular, ignorar, no tener en cuenta como individuo pleno a quien,  por cualquier causa, no se parece a sí mismo y los suyos.

Panorama difícil para quienes, parecer ser, hemos nacido en el planeta equivocado. Y si sólo tuviéramos  que luchar por la supervivencia, no estaría mal. Lo malo es que para colmo, nos responsabilizan de nuestros aislamientos, alegando simplemente, que no queremos entender  a los demás: o lo que es lo mismo, que no tenemos empatía.

Empatía, según el diccionario de la RAE es la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.  

  • Vaya señores, yo llevo más de medio siglo transitando por este mundo nuestro y no he conocido a nadie, repito: a nadie, que se haya identificado ni mental ni afectivamente con mi estado de ánimo.

Lo que sí he oído hasta el vómito son las siguientes frases.

  • Tienes que ser cómo los demás
  • Cambia tu comportamiento porque molesta a los demás
  • Finge para no ofender a los demás
  • No hagas, no digas, no seas como eres

Y muchas veces he sido social, he estudiado lo que llamáis habilidades sociales y de las que decís que carecemos, he callado (que no mentido) para no ofender a quienes no gustan de escuchar la opinión de otros. Todo ello con resultados agridulces; porque a menudo los demás no sufrían por mi causa, pero yo sí sufría por la suya. Sufría hasta llegar a enfermar.  Nunca nadie me preguntó por mi cansancio al final del día tras haber estado fingiendo durante horas; escuchando sus conversaciones vacías durante horas, sólo porque las ‘relaciones sociales’ son así. Nadie se preocupaba de mi soledad cuando me rechazaban o de mi necesidad de afecto y comprensión.

Nadie me ha mirado a los ojos y me ha dicho nunca:

¿cómo te sientes? – y se ha parado a escuchar mi respuesta.

Ah, claro, olvidaba que los autistas no tenemos sentimientos, que nos encerramos voluntariamente en un mundo aislado, y somos tan egoístas como para no desear participar en la sociedad…

Olvidaba que sólo pensamos en nosotros, que no queremos tener una comunidad, que no miramos a los ojos porque no prestamos atención, que contestamos sinceramente porque somos insolentes…

Tantos y tantos tópicos más que debemos romper cada día, a cada hora, todos los días de nuestra vida.

Esto, amigo llamado normal, que me lees hoy,  es muy cansado, provoca desánimo, a veces depresión, a veces nos lleva al suicidio.

Mírame a los ojos. Ponte en mi lugar. Sal a la calle. Imagina.  Hablas y no te entienden. Intentas explicar y te insultan. Se ríen de ti y tú no sabes por qué. Cuando pides ayuda, te dicen que no molestes. Cuando te callas para no molestar te dicen que no sabes estar en sociedad. Cuidas de tus personas amadas para demostrarles que las quieres y te dicen que eso no es querer. Te tachan de egoísta porque acabas yendo a lo tuyo; pero no te dejan participar en lo de los demás.

Y al final, cuando ya no puedes más, cuando te has cansado de intentar derribar el muro de cristal tras el que te han colocado, escuchas por enésima vez la frase

Es que no tienes ni pizca de empatía – y rompes, por dentro, a llorar

2 pensamientos en “No le hables de empatía a quien no has mirado a los ojos

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s