Lo que ser asperger me ha enseñado

 

gracias

 

 

 

 

 

La mayoría de las personas piensan que una discapacidad es un castigo, algo que hace que la vida sea difícil. Tienen razón, aunque solo en parte. Porque todo depende de la actitud. Dentro del mundo del autismo he conocido personas que han puesto el foco en las dificultades. Un día sí y otro también. Han pasado depresiones, intentos de suicidio, soledad y angustia. Yo también. Creo que todos los que tenemos la condición de autista hemos pasado en mayor o menor medida por ello; incluso aquellos a los que su discapacidad intelectual les hace difícil comprender su naturaleza. Yo creo que en buena parte, esas disfunciones derivan de tu deseo de comunicar y de la dificultad para hacerlo, de tus fracasos y frustraciones a la hora de dar y recibir afectos y amor, y a la hora de percibir las propias emociones y de comprender las de los demás.

Un día dije ‘basta’ y decidí cambiar mi actitud. El tomar conciencia de mi naturaleza, diferente a la mayoría, me ha enseñado muchas cosas. Por ejemplo:

  • A observar mi entorno y a las personas que me rodean. He comprendido que hay muchos tipos de personas, incluso entre los que se llaman a sí mismos ‘normales’. Y he visto que eso no es malo, sino algo fantástico; algo por lo que hay que luchar y que nos están quitando poco a poco en esta sociedad en la que somos poco más que zombies que seguimos una directriz sin cuestionarnos siquiera cuál es.
  • Me gusta encontrar gente diversa. Que viste de forma que yo no lo haría nunca; que piensa diferente a mí y que cree, igual de firmemente que yo, en lo que piensa. Personas que hacen ruido y son felices haciéndolo. Me hace sonreír ver cómo se tocan, se abrazan, se apretujan en cualquier sitio; aunque yo eso no lo haría.
  • He aprendido a ser tolerante. Ese es el resultado de mi lucha de años contra la inflexibilidad asperger. He llegado a la conclusión de que si he pasado gran parte de mi vida, y pasaré el resto que me queda, luchando por que me acepten y por que me dejen ser lo que soy, y además expresarlo abiertamente, ¿cómo no voy a defender que los demás que sean como les apetezca y además disfrutar con ello?
  • He aprendido a querer a las personas aunque piensen justo lo contrario de lo que yo pienso y a no darle importancia a la diferencia. Esto me ha servido para evitar conflictos y confrontaciones inútiles. Dado que el enfrentamiento es algo tan molesto y tan difícil de manejar por una persona TEA, será mucho mejor dar las batallas (pocas) inevitables, o con visos de tener un fin útil.
  • Por último, he aprendido también algo importante, aunque no sé si tan de color de rosa como lo que he contado hasta ahora (¿he contado cosas de color de rosa?). He aprendido a ser indiferente, y a disfrutar con ello. Consiste en sacar de mi vida, de mi foco de atención, a aquella cosa o persona junto a la que puedo sufrir inútilmente; aquella con la que nunca podrá existir un diálogo o un respeto, aquella que nunca va a poder entender que soy como soy y que eso no puede cambiarse ni con terapias psicológicas ni con pastillas psiquiátricas. Me he dado permiso para decir ‘no cabes en mi vida’ y no sentirme mal tras haberlo hecho.

Creo que el síndrome de asperger me ha dado más luces que sombras, y me da mucha pena cuando veo que padres y terapeutas se enfrentan al autismo como a una hidra de siete cabezas a la que hay que mutilar a lo largo de toda una vida de esfuerzo, que podría invertirse en intentar ser feliz con lo que se tiene. Me gustaría pedirles a ellos en particular, y a los llamados normales en general, que se observaran durante diez minutos en el espejo; detalle a detalle, poro a poro, arruga tras arruga: la lorza que cuelga, la celulitis aquí y allá, la asimetría que te hace feo de solemnidad. Y que se rieran, que se rieran mucho de su divina imperfección. Después les pediría que abrazaran a alguien que se dejara abrazar; y se dijeran, llorando de risa: ‘está bien esto de ser como soy’.

Yo me digo cada mañana: ‘Muchacha, eres perfecta tal como eres, no dejes que nadie venga a discutirte esto’. Después cierro la puerta del ascensor y salgo al mundo, a ver qué pasa.

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