Xira

Hace una semana que la vida nos arrebató a Xira, nuestra perra. Esta vida absurda que no entendió que en una familia autista las sorpresas son cataclismos, que las rutinas son nuestro anclaje principal. Llegó y se llevó a nuestra hija, porque así era para nosotros, y nos ha dejado dolorosamente tristes, como solo pueden estarlo quienes sienten hasta la parálisis. Nos ha dejado enfermos, porque duele el alma y el cuerpo cuando no se sabe cómo mostrar ese dolor. Y nos ha dejado furiosos porque este duelo no hacía falta, no era el momento, y no estaba previsto. Desde el silencio en el que nos han encerrado nuestros bloqueos autistas, que hasta despedir a un amigo se hace difícil en este espectro, quiero escribir a quien fue amiga, hermana e hija leal, noble y siempre amante. In memorian.

Querida Xira:

Ayer volviste a casa. De tu paseo. El último, el definitivo. Volviste con otra forma, con otra esencia, y estás en un  nuevo sitio en casa, la nuestra y la tuya. Siempre la tuya. Pero no es lo mismo.

Nos queda el vacío. El vacío del espacio que ocupaste durante siete años junto a nuestra cama, al lado de nuestra ventana, junto a Boston en el parque; y sobre todo, el gran espacio desierto en nuestro corazón. También nos queda el silencio: el de tus ladridos, que ya no están, cada vez que suena la puerta; el de tu respiración que acunaba mis noches y me hacía sentir en compañía y feliz.

Todavía, mi niña, no tengo recuerdos porque a pesar de que sé que no vendrás, te espero en cualquier momento, diciéndome con tu raboteo nervioso que todo ha sido una broma, un juego del escondite. No te has ido; no me gusta que me lo digan; porque tú no querías irte y nosotros no queríamos dejarte ir. Algo, eso siniestro que llaman vida, te arrebató por sorpresa y todos, tú también, estamos desorientados desde entonces, paralizados, sin entender qué ha pasado y por qué. Esta separación, simplemente, no hacía falta.

Hace una semana, solo hace una semana, y me duelen los brazos de querer abrazarte y no poder. No sé si es más grande la rabia o el dolor que siento. No perdono al destino y, sobre todo, no me perdono a mí por no haber sabido retenerte. Sin embargo tengo una certeza: la de tu inmenso amor, tu nobleza y tu lealtad, a la que tus papis humanos esperamos haber sabido corresponder. No creo en cielos de perros, tú lo sabes. En realidad, no sé bien si creer en cielos de personas. Creo en emociones transmitidas con una mirada, en experiencias compartidas y en sentimientos saboreados sin palabras. De todo eso, mi chica guapa, nos has dejado sacos en casa y eso será lo que nos una hoy y siempre a ti

Llegará el día en que no esté furiosa, y entonces pueda evocar tus recuerdos, las miríadas de detalles que solo una mente que tiene el privilegio de sentir en las yemas del los dedos el calor de una caricia recordada, o el movimiento del aire cuando pasabas sin rozarme; el privilegio de transformar en sonrisa el recuerdo de tu pose orgullosa cuando cumplías una misión; una mente que en fin puede sentir, hipersentir para recordarte. Ese día aun no es hoy; tu ausencia me duele en la piel, me atrapa en el pecho y me cubre de gris el cerebro. Ese día aun no es hoy. Hoy me duele el alma, me duele la vida, me duele el vacío de haber perdido al ser más noble que ha pasado por mi vida. Mi Xira, hoy no voy a decirte adiós.

Entornos saludables en el autismo

 

 

 

 

El pasado 29 de mayo, tuve el placer de participar en la Jornada Autismo y Sanidad organizada por la Federación Autismo Madrid. Bajo el título Comorbilidad, Salud Mental y TEA. Yo intervine en la mesa redonda sobre autismo en la edad adulta. En una de las preguntas después de la ponencia en la que hablé de ‘entornos saludables’ me pidieron que explicara que entendía por tal. He elaborado este post para reflexionar de forma un poco más extensa sobre el asunto.

Dice la RAE en su primera definición sobre la palabra entorno: Ambiente, lo que nos rodea.

Nadie escapa a su entorno. Esta es la primera reflexión. De Perogrullo, me dirán. Aquellos que están en un entorno estupendo o al menos en el que se sienten cómodos, seguramente no se habrán planteado la necesidad, el deseo o el anhelo de escapar. Sin embargo, para las personas autistas, es ese entorno precisamente el origen de su malestar, de su dolor, de su angustia vital. ¿Saben por qué? Simple. Pongo ejemplos: porque ir en un transporte público en el que se aprieta la gente duele en la piel. Porque escuchar la megafonía de un centro comercial puede llegar a general  un severo ataque de pánico. Porque un colegio lleno de pasillos bulliciosos, de paredes cargadas de dibujos de mil colores, de cambios imprevistos, aplausos, gritos, carreras, hace imposible estudiar.

Cierren los ojos e imaginen. Alguien te toca cuando no quieres, te sientes violentado. Te mantienen con los ojos abiertos observando luces de neón que se encienden y apagan; quieres cerrar los ojos, pero no te dejan. Te hablan en un idioma que no entiendes y te gritan para que lo entiendas o te reprochan porque no sabes lo que dicen, o te aíslan porque no comprendes. Todo junto, cada día, todos los días del mes, todos los años de tu vida. Y un buen día te preguntan ¿tú por qué tienes ansiedad? Y te quedas pensando que SOLO puedes tener ansiedad.

Hagamos otro juego. Estamos, afortunadamente, en una sociedad occidental, europea, con preocupación por preservar valores y derechos (otra cosa es cómo y en qué forma se consiga). De esto debemos congratularnos. Hoy por hoy cualquier persona da por hecho que se ha de favorecer el acceso a los espacios públicos y semipúblicos a las personas con movilidad reducida. Extrapolemos al absurdo (pongo el ejemplo con el máximo respeto a las personas en silla de ruedas y con mi admiración por la lucha y superación de que hacen gala cada día). Imaginemos que vemos la siguiente escena: Una persona en silla de ruedas quiere entrar en un edificio al que solo hay un acceso por escaleras. Otro individuo le dice:

  • No te preocupes, vamos a entrenarte y te vas a poner de pie, vas a ser normal, porque aquí puede entrar todo el mundo. No te desanimes.

Y entonces le tienen durante meses explicándole cómo ha de mover las piernas (esas que su fisiología nunca le permitirá mover), y le hablan de músculos y nervios; y le ponen a que estire y encoja. Y cuando ven que no avanza pues le colocan unos arneses y unas prótesis exteriores que ni le dejan moverse ni consiguen que ande. Y al final, nuestro protagonista se desespera, piensa que no vale para nada, que nunca será normal y se deprime, aísla, tiene brotes de mal humor y enfado… ¡¡¡¡Vaya, lo mismo que le pasa a las personas autistas!!!!

Y todo se soluciona con una rampa. ¿Quién lo hubiera dicho?

La segunda reflexión que quería hacer tiene que ver con la toma de conciencia de que el entorno lo construimos entre todos. ¡Vaya! ¡Otra perogrullada!– dirá alguno. No tanto. Porque el entorno lo construyen las mayorías. Esas que dan por hecho que lo que ellos ven lo ven todos, que lo que ellos son lo son todos, que lo que ellos necesitan y quieren es lo mismo que quiere o necesita toda la humanidad. Son los mismos que te ponen cara de sorpresa y que no entienden cuando les demuestras que ves, oyes, o sientes lo que ellos no. O que razonas, piensas y comunicas de la forma que ellos no lo hacen. Son los mismos que te etiquetan, estigmatizan, aíslan o compadecen porque no tienes en honor de ser como ellos. Y los que quieren que seas normal, tan normal como lo son ellos, olvidándose que tú ya eres normal y perfecto en ti mismo, con tu naturaleza y todas y cada una de tus características.

¿Y ahora qué hacemos?

Construir. Vamos a construir un entorno social que no sea dañino para una parte de la población. Vamos a andar entre todos una parte del camino. Vamos a intentar encontrarnos en un punto equidistante, donde los esfuerzos de adaptación sean realizados por parte de las mayorías y de las minorías; porque hasta ahora, con apoyos o sin ellos, el esfuerzo lo están haciendo los más vulnerables. Creo que se ha pervertido el significado de la palabra inclusión para transformarla en algo parecido a una ‘acogida’. Te admitimos en nuestra sociedad; eres igual a nosotros. Ahora bien, ocúpate con tu esfuerzo en ser normal. Sin miedo a levantar ampollas voy a decir que eso es injusto, es intolerable, y me arriesgo a decir que vulnera los derechos más elementales del ser humano. No es justo querer curar a la persona de sí mismo sino apoyar a todos y cada uno en su diversidad y en sus diferentes capacidades porque no hay un solo individuo en este  mundo que no sea valioso en sí mismo.

¿Hacemos rampas para autistas?

Pienso bastante en esto. Una rampa para autistas, o lo que es lo mismo, un entorno saludable tendría en cuenta:

  • Las agresiones sensoriales, dotando a los espacios públicos de salas de silencio y aislamiento sensorial. Igual que hay salas de lactancia, por ejemplo.
  • Que es necesario crear espacios de escolarización y laborales con horarios adaptados, alejados de las horas punta de las grandes ciudades (esto ayudaría muchísimo a la conciliación familiar de la que tanto se habla: doble beneficio)
  • Que debemos enseñar en las escuelas que hay diferentes modos de comprender y comunicar. Los autistas aprenderían a hablar ‘social’, pero mantendrían su forma de comunicación natural. Los NT harían lo mismo a la inversa.
  • Que existen pensadores visuales, y que las señaléticas han de ser gráficas, aunque sin abrumar, porque las personas autistas tienen otros niveles de percepción de los datos visuales y otros tiempos de procesamiento para la información inmediata.

Ejemplos, digo yo. Utopías dirán ustedes. Yo he probado estas cosas en mi casa y en mi entorno laboral, las he probado también en las visitas a museos que hemos diseñado en la Asociación Sinteno, que tengo el honor de presidir. Y no han temblado las estructuras de la sociedad (si me permiten la ironía). Incluso hay compañeros que celebran la diversidad y que recurren a mis ‘potencialidades’ para apoyarles. En mi familia tenemos la suerte de ser bilingües. Me siento orgullosa cuando alguno de mis hijos o hermanos  me dicen: Eso es en tu idioma, en el nuestro se dice así a ‘asá’. Debo admitir que no es fácil, que nunca va a serlo, que unos y otros nos sentiremos incomprendidos, indignados, unas veces dolidos y otras desesperados. Sin embargo, ¿no les parece que merece la pena no perder de vista la utopía?.

Pues ahí, cerca de la utopía, a mitad de camino entre su mundo y el mío; justo ahí nos encontraremos, si ustedes quieren.

 

Me gustaría dedicar este post a los profesionales sanitarios del autismo: a los  que se esfuerzan cada día en la investigación por comprender de dónde procede esa diversidad, porque algún día llegarán a saber que los autistas no somos producto de un fallo natural sino que somos naturalmente diversos; a los que ayudan a soportar esos entornos difíciles porque a veces a ciegas y a veces iluminando, mejoran la calidad de vida de las personas TEA. Y en concreto, a la Federación Autismo Madrid, por permitir que no se hable de autismo sin escuchar la voz de los autistas y muy cariñosamente al doctor Celso Arango quien con una conversación de dos minutos me recordó la humanidad de la sanidad relacionada con la salud mental.

Proposición No de Ley sobre Mujer y Asperger en el Congreso de los Diputados

El pasado 19 de mayo, el Grupo Parlamentario Socialista registró en el Congreso de los Diputados una Proposición No de Ley sobre las necesidades de apoyo y visibilidad de las mujeres con Síndrome de Asperger en nuestro país. Desde Sinteno estamos muy satisfechos de haber participado en primera persona en la elaboración de dicha proposición. El equipo encabezado por la Diputada Aurora Flórez, contactó con la presidenta de la Asociación, Carmen Molina, para recabar su apoyo, dada su condición de mujer y asperger. Hemos trabajado mano a mano con el grupo socialista a fin de que el documento presentado refleje de la forma más precisa posible las necesidades reales de las mujeres autistas en general y su doble estigma , no sólo por ser una minoría dentro del espectro del autismo sino por encontrarnos en una sociedad con un fuerte sesgo de género sanitario y en el que tanto los diagnósticos como las terapias se orientan al fenotipo masculino del autismo. Poniendo en valor estudios como el realizado por el equipo de María Merino en Autismo Burgos y los de Autism in Pink a nivel Europeo

En la Proposición no de Ley presentada se solicitan las siguientes actuaciones:

  • Realizar estudios estadísticos con trazabilidad en el tiempo, incidiendo en la perspectiva de género ya desde las etapas iniciales de la vida del individuo.
  • Fomentar los estudios de TEA-ASperger con perspectiva de género tanto en personas adultas como en la edad infantil.
  • En base a los estudios realizados, modificar criterios de diagnóstico para adecuarlos a las manifestaciones del espectro autista en niñas y mujeres con asperger
  • Incorporar en los protocolos de detección de acoso, abuso y violencia, en todos los ámbitos (escolar, sanitario, laboral etc) las especificidades que presentan las niñas y mujeres con TEA/Asperger.

Esta problemática es puesta de manifiesto cada vez con mayor intensidad desde los colectivos autistas femeninos donde se encuentran ejemplos de cada vez más mujeres que alzan la voz para pedir visibilidad, diagnósticos específicos y conocimiento y respeto a la condición de autista/asperger y mujer por parte de la sociedad, del sistema educativo y del terapéutico y sanitario.

Agradecemos especialmente a la diputada su interés por recabar la participación de las personas autistas. Desde Sinteno defendemos que han de ser las mujeres y hombres dentro del espectro los que se autorepresenten y se conviertan en colaboradores y apoyo de terapeutas, profesores y psicólogos. De este modo ganaremos todos.

Para saber más:

https://www.redaccionmedica.com/secciones/sanidad-hoy/el-psoe-pide-perspectiva-de-genero-en-el-diagnostico-de-asperger-en-mujeres-3670

http://www.autismogalicia.org/index.php?option=com_content&view=article&id=515:revista-maremagnum-xix&catid=70:maremagnum&Itemid=1&lang=es

http://autisminpink.net/

https://denaranjayrojo.wordpress.com/2017/03/07/brecha-de-genero-en-el-autismo/

http://semanal.cermi.es/noticia/opinion-mujeres-TEA-doble-discriminacionc-cristina-paredero.aspx

El autismo como ceguera al contexto. Un día con Peter Vermeulen

Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a un seminario organizado por AETAPI (Asociación Española de Profesionales del Autismo), e impartido por Peter Vermeulen. He de confesar que antes del Congreso AETAPI de León en 2016, en el que tuve la oportunidad de participar en la Mesa de Mujeres TEA, no había oído hablar de la ceguera al contexto, que es una de las teorías que sostiene magistralmente Peter Vermeulen como característica del autismo, y que subyace bajo la variada suerte de manifestaciones de comportamientos externos, que son lo más conocido del autismo; y en base a los que se diagnostica y hacen las terapias.

Recuerdo que pensé : ‘Por fin, alguien lo ha descubierto, y lo está contando!’

Peter remite a Uta Frith como primera persona que habló del autismo como ceguera al contexto. Dado que yo no he estudiado en profundidad sus trabajos, me referiré a la experiencia de Vermeulen en la sede de Autisme Centraal, como referencia de caso de éxito en la aplicación de terapias y apoyo a personas autistas basadas en la comprensión e interpretación del individuo acerca del entorno que le rodea.

Como anécdota, diré que mucho antes de oír hablar de P.Vermeulen o Uta Frith, yo, de forma intuitiva, ya calificaba el autismo como una forma especial de ceguera. Recuerdo hace ya algunos años, cuando en medio de una crisis personal y una fuerte depresión caí en revisar toda mi vida en clave de relación con mi condición autista. Debí hacerlo comentando obsesivamente sobre el autismo porque un día mi hijo, a la sazón con 10 o 12 años de edad, me preguntó –mamá, qué es eso del autismo?- Creo que fue la primera vez que me vi en la necesidad de elaborar una definición del autismo en clave de diferencia y no de discapacidad, ya que no quería que mi hijo me percibiera como una persona con dificultades: al fin y al cabo, yo era su heroína.

  • El autismo es como una ceguera. ¿Recuerdas al abuelo?– mi padre quedó ciego a los setenta años y mi hijo fue uno de sus principales apoyos y compañía en su vejez – Bien, pues acuérdate de qué pasaba cuando el abuelo iba a un sitio nuevo y nadie le había explicado cómo era. A veces tropezaba y se hacía daño; otras veces tropezaba y rompía cosas sin querer. Eso es lo que les pasa a las personas autistas.
  • ¿Los autistas son ciegos? Insistía él.
  • Algo así. Lo que pasa es que lo que ellos no ven son las cosas que tienen que ver con los comportamientos sociales, con las relaciones entre las personas, con frases que parece que significan una cosa y luego es otra, o con personas que dicen una cosa ahora y otra diferente luego o que fingen o mienten. A veces hay palabras y comportamientos que significan una cosa en un sitio y otra en otro; o que están bien y se pueden hacer en un sitio y en otro no. Es todo un lío.
  • Para mí no. Yo sé de eso. Si quieres hago como con el abuelo, yo te ayudo.

Y creo que, sin ser muy conscientes de ello, lo tomamos al pie de la letra. A día de hoy yo le consulto sobre comportamientos sociales que no entiendo y el me corrige cuando me ‘pilla’ en público observando a una persona sin cumplir la regla de ‘no fijar la mirada inquisitivamente en el viajero de enfrente del tren’, por poner un ejemplo. En tiempos fue difícil. Ahora nos lo tomamos con humor porque mi momento vital me permite prescindir de algunas normas sociales, y porque otras muchas ya las he aprendido.

Volviendo al seminario de Peter Vermeulen, lo cierto es que debo decir que la teoría sobre la ceguera al contexto supone una revisión revolucionaria del autismo y todas sus estrategias terapeúticas. Parece que ya no se duda de que los autistas tienen teoría de la mente. De hecho los resultados de las pruebas comparadas con los neurotípicos arrojan cifras homogéneas de aciertos. Donde fallan es en su aplicación a la vida real. Igual sucede con lo relacionado con la función ejecutiva. Si a una persona autista le explicas en qué consiste la prueba, logrará pasarla con éxito. Esto es así, según Vermeulen, porque el entorno de, llamémosles así, laboratorio, se muestra estructurado, se dan pistas para alcanzar el resultado, se usan materiales acontextuales; mientras que la vida real es caótica, cambiante, con gente de verdad, con conductas espontáneas y no controladas; un escenario, en fin, dominado por el contexto.

La gente que tiene autismo piensa de un modo absoluto en un contexto relativo, y ese es el problema.

Hablaría con pasión sobre esta teoría ya que me parece acertadísima desde mi conciencia de persona autista; pero me quedaré en recomendar el libro de Peter Vermeulen ‘Autism as context blindness’, y en su definición de la ceguera de contexto como la ‘habilidad reducida para utilizar el contexto espontáneamente, y para dar significado a los estímulos, sobre todo los muy vagos, ambiguos, nuevos o abstractos’

Cito una de sus frases: ‘Lo que le cuesta a una persona autista es ver qué significa algo (una palabra, una frase, una imagen etc) en un determinado contexto’.

Vamos a cerrar con una sonrisa. Con la misma que abrió Peter Vermeulen su ponencia de León, recordándonos la película de Rainman, en la que Raymond Babbitt empezaba a cruzar una calle con el semáforo en verde y a mitad del cruce éste se ponía rojo. Nuestro protagonista se quedaba anclado en mitad de la avenida con el consiguiente jaleo de coches parados, claxons y gritos de los conductores. ¡Vaya!, parece que en este contexto ‘para’ significa ‘corre’. ¡Hombre!, me dirán, eso lo sabe cualquiera. Y entonces yo me enfadaré y diré, igual que un ciego sabe que el cielo es azul y los árboles verdes. Ante ese mismo semáforo, yo –que tengo una funcionalidad y experiencia del contexto mayor que nuestro amigo Babbitt- pienso: ‘el semáforo en rojo siempre significa para, pero en este mundo de neurotípicos tenemos que saltarnos constantemente las reglas!’

Les dejo con tres ideas para pensar:

1.- No se puede enseñar a un ciego a ver, pero se pueden hacer otras cosas para ayudarle.

2.- Si quieren apoyar a un autista empiecen por explicarle el contexto y después enséñenle cómo gestionarlo.

3.- Cuando haya que explicar un comportamiento, asócienlo a un contexto.

Gracias Peter. Yo me quedé con ganas de más.e de H

Brecha de género en el autismo

Como cada año, llega el 8 de marzo y el mundo entero se pone a hablar de las mujeres. De pronto, más del 50% de la población parece ser el foco de medios de comunicación, instituciones y redes sociales varias. Quién de nosotros no ha dado un ‘me gusta’ a una foto con frase célebre, a una reivindicación, a un dato significativo. Luego la vida sigue y ese 50% de la población vuelve a ser invisible, vuelve a soportar tener un salario más bajo, un trabajo menos cualificado, y ello a pesar de tener mayor formación y capacidades iguales para el liderazgo y la gestión. Otra vez vuelven a ser encerradas, maltratadas, sometidas y asesinadas. Y todo ello no solo en el llamado tercer mundo, ese que en nuestro imaginario aparece como el centro de todas las injusticias y barbaridades. También sucede y con igual virulencia aunque con mayor sutileza, en el llamado ‘primer mundo’, ese en el que nos movemos los que pensamos que somos más: más guapos, más dinámicos, más cultos o más avanzados; sin pensar que somos también menos: menos sabios, menos tolerantes, menos felices.

A pesar de no tener claro la validez de estas celebraciones basadas en el marketing y movidas por los medios sociales y políticos, me resisto a no aprovechar mi humilde tribuna para hablar en esta fecha, un día más, de autismo. Hoy tras el cristal rosa (¡viva el tópico!) de la mujer dentro del espectro del autismo.

Echar un vistazo a las cifras es escalofriante. Cuando hablamos de diversidad las mujeres salen claramente perdiendo, no solamente frente a sus homólogos masculinos sino frente a sus iguales de sexo femenino. Por posicionarnos, tomemos conciencia de que de la totalidad de las personas con discapacidad en nuestro país, el 60% son mujeres; esto es, 2,31 millones (Fuente INE 2008). No es desdeñable la cifra, a la que añadimos que un 31% ha sufrido o sufrirá algún tipo de maltrato físico o sexual a lo largo de su vida, frente a las tasas ya indignantes del 12,5% de mujeres sin discapacidad. Y el 24,5% sufrirá algún tipo de violencia psicológica frente al 14% en el caso de la población femenina sin diversidad. (Fuente: Informe sobre la violencia de género hacia las mujeres. CERMI 2017)

Por más abundar, hablemos de las otras ‘violencias’, aquellas que son abrumadoramente sufridas por mujeres discapacitadas. Estas son: la violencia económica, esa que se da cuando se impide a la persona administrar sus propios bienes y el producto de su trabajo remunerado, y la violencia de control, la que condena a la mujer con diversidad al entorno familiar, en el que se ‘aprovecha’ como mano de obra gratuita realizando tareas domésticas, cuidando de padres o familiares ancianos o incluso haciendo de niñera de sobrinos. Esa violencia que impide a la mujer con discapacidad insertarse en el entorno, trabajar, colaborar en su círculo social, participar en la vida de su comunidad, tener amores, parejas e hijos; y que no tiene empacho en usarla para eso mismo cuando le conviene y en aras de la protección y el cuidado. Estas violencias representan un 13,3% frente al 3,4% (económica) y un 23% frente al 15,1% (de control).

¿Qué sucede en el espectro autista? Aún hoy por hoy, casi 75 años después de empezar a hablar de autismo, nos encontramos en medio de un magma de cifras de prevalencia, definiciones de grado y calificaciones de discapacidad, a modo de cajón de sastre en el que es difícil por momentos encontrar a la mujer autista, caracterizarla para conocerla y sobre todo reconocerla y respetarla como ser humano, diverso y perfecto en su diversidad. Por razón de sesgo de género en el diagnóstico, la mujer queda fuera del radar de unos tests pensados para hombres y de unas evaluaciones basadas en las manifestaciones externas del autismo en niños y hombres. Por lo tanto, son infradiagnosticadas, ignoradas para la obtención de apoyos tempranos, olvidadas en su vida adulta. Y esto es grave. Es muy grave porque, no nos olvidemos, hablamos de una discapacidad relacionada con la comunicación social, con la interacción con el entorno, con la comprensión y la gestión de las emociones, ámbitos en los que tradicionalmente se asigna niveles más altos de participación a la mujer frente a su igual masculino.

Según el estudio realizado por Autismo Burgos, dentro del programa europeo Autism in pink, el 47% de las mujeres dentro del espectro del autismo tienen estudios superiores e incluso el 41% de ellas encuentran empleo. Sin embargo, más de la mitad (56%) manifiestan sentirse poco incluidas en su comunidad y solo el 27% está satisfecha con sus logros en la vida.

Me gustaría hablar hoy de mujeres autistas; de mujeres fuertes entre las fuertes, perseverantes, obstinadas, pasionales, intuitivas y justas (relación de características con las que se define la personalidad autista). Mujeres que realizan un agotador trabajo 24 horas al día, para estar en un mundo cuya organización social no comprenden, en el que con frecuencia son señaladas por no responder a estereotipos femeninos, por decir lo que piensan sin filtros sociales. En el que son perseguidas por defender la justicia, obsesiva, persistente, detalladamente (relación de características con las que se define la personalidad autista). Mujeres que se levantan cada mañana y miran retadoramente a la vida y que  llegan a la noche buscando un rincón en el que ser lo que son lejos de miradas de sospecha, en el que poder quitarse la ropa de moda que ‘duele’ cuando te roza, los tapones de los oídos que le han protegido del ruido de los entornos sociales, la sonrisa que casi nunca comprenden y que casi nunca retiran de su cara: un gesto más de relación social aprendido.

A menudo pienso cuánto tiempo más habrá de pasar para que esas mujeres (en torno a 100 mil en nuestro país si atendemos a las estadísticas más conservadoras) puedan estar en la sociedad sin que se les exija responder a patrones injustos de feminidad mal entendida.

Hoy, y mañana y pasado ser visible es el reto. Hoy, mañana y pasado, tiene que ser 8 de marzo; y en ello, junto a millones de mujeres distintas por cultura, por desarrollo, por personalidad, y perfectas por esencia, nos vamos a encontrar. En un perpetuo y celebrado 8 de marzo al que os invitamos, para celebrar simplemente, la diversidad.